lunes, 25 de octubre de 2010

Un sistema de previsión social viable de cara al futuro (I). Planteamiento


En la actualidad, en España, los institutos que conforman lo que podemos denominar el Sistema de Previsión Social o de Protección Social (el Sistema de Seguridad Social, el Sistema Nacional de Salud, los Servicios Sociales y, por último, el Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia, aún en fase de consolidación) se han manifestado como uno de los pilares de la estabilidad política del país, garantizando de manera prácticamente universal no solo unos mínimos vitales de supervivencia, sino unas prestaciones sociales que proporcionan un efectivo bienestar social. Se trata de una inversión que no solo tiene sus retornos en las propias prestaciones de las que son beneficiarios los ciudadanos a título particular sino que, desde un punto de vista social, generan unos indudables beneficios –estabilidad económica, seguridad ciudadana, confianza en el sistema político- que facilitan una consolidación del desarrollo social y económico en el país.
Sin perjuicio de admitir la existencia de inevitables distorsiones, parece que podemos asegurar que, no solo es un eficaz mecanismo de previsión social, sino que tal y como se encuentra configurado actualmente, se ha convertido en un instrumento eficaz de redistribución de rentas, lo que garantiza la paz y la cohesión social y una mínima seguridad vital a la practica totalidad de la población residente legalmente en España.
La evolución histórica que se ha producido en estas Instituciones ha concluido con la conversión de un sistema concebido originalmente con carácter exclusivamente profesional en un sistema expansivo con componentes universales. Lógicamente, desde el punto de vista de la financiación esta evolución ha ido acompañada de un cambio en la estructura de ingresos del sistema que, de financiarse sólo por cotizaciones de naturaleza contributiva, ha pasado a tener un componente de financiación estatal vía impuesto creciente, como corresponde al crecimiento de las prestaciones universales.

Esta tendencia ampliatoria se ha observado no sólo en el ámbito subjetivo o personal, sino también en el ámbito de la acción protectora, pasando de un sistema inicialmente destinado a cubrir sólo determinadas contingencias (fundamentalmente vejez e invalidez) a un sistema de práctica cobertura completa. En paralelo a toda esta tendencia ampliatoria, el presupuesto de la Seguridad Social y su peso en la economía nacional ha crecido de forma espectacular.

En definitiva, dado el positivo balance que en líneas generales merece el modelo presente, la posición a adoptar debería ir en la línea de fortalecer los logros conseguidos, no tanto en cuanto a incrementar la intensidad de la protección ya prestada sino, sobretodo de cara a mantener su validez y eficacia para las próximas generaciones garantizando el poder adquisitivo de los pensionistas.

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