viernes, 31 de diciembre de 2010

Algunas ideas acerca de la edad de jubilación

La Comisión de seguimiento del Pacto de Toledo, en sus recomendaciones recientemente aprobadas no ha podido ser muy precisa en su posición respecto de la edad de jubilación, como consecuencia de la dificultad de alcanzar un consenso sobre una propuesta concreta. En general, coincido con las consideraciones que en ella se hacen si bien, los instrumentos previstos para favorecer la vida laboral y limitar el recurso a la jubilación anticipada parecen interesantes aunque en la práctica, probablemente resulten poco efectivos por si solos.

Lo cierto, es que la esperanza de vida se ha incrementado en España en los últimos años y, la calidad y el estado físico de nuestros mayores de 65 años, en la mayoría de los casos, permiten que realicen de manera productiva una actividad laboral. Esa es una realidad que no se puede desconocer. Sé que es impopular afirmar lo siguiente, pero los sistemas de Seguridad Social no fueron diseñados para garantizar unas vacaciones indefinidas y pagadas a los ciudadanos durante las últimas décadas de sus vidas, sino para subvertir situaciones de necesidad derivadas de una incapacidad para el trabajo motivada por la edad. Si una persona con más de 65 años está en condiciones de trabajar en su profesión habitual debería poder seguir haciéndolo.

Por otra parte, la evolución de la pirámide de población condiciona el poder asumir, en los términos actuales, el coste de satisfacer las pensiones de un número tan grande de pasivos con esperanza de vida largas en un entorno (ya sea por razones demográficas, económicas o por ambas) de disminución de cotizantes.

Lo anterior son circunstancias evidentes que no pueden ser negadas por los agentes sociales. Cosa distinta es si, por razones tácticas, los diferentes partidos se posicionan bien en la tesis de si es imprescindible hacer esta reforma ahora, o si bien, podemos dejarlo para dentro de algunos años y, en el caso de que se considere algo imprescindible, si la edad de jubilación deberán ser los 67, 68, 69 o 70 años (teniendo en cuanta, como horizonte, que en la judicatura y en la enseñanza universitaria el tope actual, con carácter voluntario, está en los 72 años).

Aunque se trate de una decisión difícil, pudiera ser necesario ir elevando  progresivamente la edad de jubilación, empezando por retrasarla hasta los 67 años, aunque garantizando, en los términos que se propone por la Comisión, que según la naturaleza de la profesión habitual o de las propias circunstancias de salud de cada persona, puedan establecerse jubilaciones en edades anteriores a la fijada como mínima o supuestos de incapacidad permanente total por razón de edad. Esta edad podría ir revisándose cada cinco años a medida que se actualice el Pacto de Toledo, bien para mantenerla, bien para continuar retrasándola en función de cómo evolucione la esperanza de vida de los españoles y las circunstancias económicas o demográficas en las que ha de desenvolverse el sistema).

En cualquier caso, más importante que lo anterior es a mi juicio conseguir que la edad real de jubilación se acerque a la edad máxima, favoreciendo la empleabilidad de la población activa de más edad con mayor intensidad de cómo hasta ahora se ha venido haciendo, en ese sentido cabria sugerir que, al igual que se hace con otros colectivos desfavorecidos (discapacitados, mujeres), se introdujeran medidas de discriminación positiva a favor de trabajadores mayores de determinada edad.

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