sábado, 16 de junio de 2012

El nudo gordiano de Europa


 (Versión corregida del artículo publicado en el blog ¿Hay Derecho?)

En estos días en los que tanto preocupan los efectos que para el futuro de la Unión europea puedan tener las elecciones en Grecia y la actitud del nuevo Gobierno que pueda surgir de ellas, resulta oportuno recordar uno de esos mitos helenos sobre los que descansa nuestra cultura.  

"Alejandro Magno cortando el nudo gordiano"
por Jean-Simon Berthélemy
(1743-1811)
Según una conocida tradición tardíamente recogida por diversos cronistas romanos como Quinto Curcio o Plutarco, cuando Alejandro Magno se encontraba conquistando Asia Menor, entró en Gordión, antigua capital de Frigia, donde se guardaba un legendario carro que, según la leyenda, había transportado a Gordio, un campesino que allá por el siglo VIII antes de Cristo llegó a reinar la ciudad por cumplimiento de un oráculo según el cual el primero en entrar con su carro en el templo de Júpiter sería nombrado rey. Era, además, tradición que aquel que consiguiera desatar el inmenso nudo que amarraba el yugo al carro llegaría a ser el dueño de Asia. Alejandro, siempre en busca de su destino, aceptó el reto, pero al ser incapaz de desentrañar aquella maraña, decidió propinarle diversos cortes con su espada, pues, según él, lo importante era deshacer el nudo, y no el medio que se emplease para tal fin.


Aunque esta leyenda admite diversas lecturas -algunas tan hermosas como la pieza musical de Henry Purcell que enlazamos aquí-, podríamos decir que el nudo gordiano resulta ser una metáfora perfecta para la situación en que ahora nos encontramos, no solo en España sino también en Europa. Un lio fenomenal que nadie consigue desenmarañar y si alguien lo consiguiera podría terminar siendo el “dueño de Europa”. 
  

  
En este complejo nudo se entremezclan a modo de cabos entrecruzados muchos aspectos de esta realidad poliédrica y contradictoria. Por un lado, libertades  públicas, derechos consolidados y generalización de unos niveles mínimos de bienestar para la mayor parte de la población en cuanto a su educación, sanidad y seguridad social fruto de un largo periodo de paz, relativa estabilidad social y de creación de riqueza; pero por otra parte, prácticas y conductas perversas e ineficaces tanto en lo político como en lo económico; postergación de los valores tradicionales del trabajo, el mérito y el esfuerzo, por otros basados en el relativismo postmoderno y “el todo vale”; consolidación de prácticas corruptas o clientelares de sesgo localista que en su mayoría quedan impunes; el predominio cada vez más intenso de intereses particulares contrapuestos con el interés general y, desde hace un par de décadas, un imparable proceso de transferencia de rentas de las clases medias europeas hacia unas oligarquías cada vez más poderosas que solo la acción de redistribución articulada desde los Estados consigue paliar parcialmente, evitando que nuestra sociedad termine siendo tan desigual como la existente en los países emergentes. Todo ello, trufado, como no, por intereses transnacionales, nacionales y localistas, muchas veces contrapuestos entre si y que deben entenderse en el complejo marco de las relaciones y alianzas del mundo actual.

Estos nudos están profundamente entrelazados entre si. En muchos casos, las prácticas clientelares se encuentran entremezcladas con determinadas políticas sociales de los Estados europeos incluso de manera institucional; el nepotismo y la corrupción en la provisión de empleos públicos salpica y encuentra su apoyo en amplios sectores de la población que se integra en ella a través de las diversas redes por las que se materializa el reparto del poder (partidos de un signo o de otro, sindicatos, asociaciones empresariales, corporativismo funcionarial o profesional, etc) cumpliendo el aserto de que “la corrupción genera empleo”; el reparto de las subvenciones y la adjudicación orientada de la contratación pública soslayando los principios comunitarios de publicidad, libre concurrencia y proscripción de las ayudas de Estado encuentra su coartada en las finalidades perseguidas por las primeras, en la buena acogida entre la población que tienen la puesta en servicio de nuevas infraestructuras y las falacias proteccionistas; los exigentes marcos regulatorios si bien garantizan una creciente calidad de los productos y servicios, al mismo tiempo tienden a excluir de los grandes negocios a los pequeños actores consolidando a los grandes grupos empresariales, etc…

Los ejemplos de interactuación entre los factores positivos del sistema con sus vicios y defectos son innumerables y a todos se nos viene enseguida alguno a la cabeza. Toda la sociedad en mayor o menor medida es responsable de la situación presente.

Hasta ahora, la solidez del sistema construido en Europa a mediados del siglo XX, ha impedido que el edificio se haya desmoronado, pero cada vez falta menos para que la estructura colapse de repente, como ya ocurrió con la Unión soviética.

Ayer Grecia, Portugal e Irlanda, hoy España e Italia, mañana Bélgica y Francia…, parece que la prima de riesgo no nos deja ver el bosque ¿Estaremos aún a tiempo de deshacer este follón sin tener que recurrir a la drástica solución de cortarlo con la espada como hizo Alejandro? Puede que si, pero para ello no basta con intentar encontrar la punta de las cuerdas para ir tirando del hilo y deben buscarse soluciones que vayan más allá que la actual de aplicar aprisa y corriendo cuidados paliativos sobre los síntomas en cada uno de los países, a veces soslayando elementales principios éticos.

Una buena parte del problema de esta Europa con 27 cabezas está, precisamente, en la dispersión de los centros de decisión y de la mencionada contraposición entre intereses localistas, regionales o incluso nacionales a corto plazo y sin tener en cuenta los efectos estratégicos que las decisiones que se van a tomar ahora pueden tener en el futuro. Del mismo modo que en España el descontrol autonómico ha terminado por ser catastrófico, en Europa, la parálisis en la construcción europea tras el fracaso de su proyecto de Constitución motivada por la resistencia de los Estados a perder soberanía (o mejor sería decir de las élites dirigentes de los Estados a perder parte de su poder), podría terminar siendo trágica. 

Sólo una Europa unida puede salvar nuestro modo de vida. Europa, en ese sentido, es mucho más que territorio, poder y población es, igual que llegó a ser Roma durante un tiempo, un lugar donde la mayor parte de su población puede vivir con una seguridad y tiene la posibilidad de realizar un proyecto de vida como en muy pocas partes del mundo es posible hacerlo. Puede que para mantener ese singular modo de vida, en estos momentos, la única solución implique deshacer los lazos que vinculan a las antiguas naciones-estado europeas y lanzarnos decididamente a la construcción de una única Europa, con unos poderes legislativo, ejecutivo y judicial efectivos en todo el territorio, con un sistema fiscal común y con modelos homogéneos de protección social.
La unión fiscal y bancaria postulada ahora por nuestro Gobierno y sobre la que están trabajando estos días en Bruselas no es suficiente. Es necesaria una reforma profunda que rompa esta decadente inercia, nos ayude a cambiar el paradigma y sobre cuya base puedan transformarse muchas otras cosas, no solo en lo económico sino también en lo político y en lo social, que son necesarias para que la Europa que nosotros conocemos no desaparezca.





11 comentarios:

  1. Hablamos de ideales. Es necesario para la prosperidad de Europa, ciertamente para la prosperidad de España una integración como la que describes. Por desgracia no existe voluntad de ir hacia ello, desde luego no en los próximos 20 años y a largo plazo todos muertos.
    La prueba de que no se quiere ir hacia esa integración es la actitud de Alemania, la más favorecida por el malpensado proyecto del Euro.
    Alemania ha dicho en todos los tonos y de todas las maneras que no quiere pagar más de lo que ya ha comprometido, unos 250.000 millones.
    A cambio de que quizás se avengan a pagar más via eurobonos u otros esquemas no es una unión fiscal, es una unión de estabilidad, es decir que los demás países se avengan a ser controlados desde Bruselas. Alemania no considera realmente que ella vaya a ser nunca controlada puesto que mandan ellos.
    Dado que el Euro favorece de forma desproporcionada a Alemamia, lo primero que hay que hacer es deshacer el Euro y empezar la casa por los cimientos. Una vez que hayamos deshecho el Euro, hablemos de unión fiscal, de la buena, y de armonización de sistemas fiscales, de pensiones pagadas a nivel de los Estados Unidos de Europa y finalmente una vez que Alemania demuestre que se aproxima al resto de Europa como lo hizo cuando se hizo la reunificación ,entonces hablemos otra vez de Unión Monetaria.
    En los momentos en que nos encontramos, la mejor solución de política económica, aparte de desmontar el Estado de la Autonomías, es forzar la rotura del Euro. En el lio generalizado que se organizaría todo el mundo sería ayudado y España saldría adelante mucho mejor. Desde luego haría falta austeridad y esa debería empezar por las verdadera reforma estructural, el desmontar el esquema de enriquecimiento de sus miembros que una casta (los políticos)tiene montado y que se llama Autonomías.

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  2. El ideal europeo sería un estímulo para salir adelante. Deshacer el euro sería dar un paso atrás tal vez irreversible. No creo que sea bueno desandar lo ya andado. Hay que seguir hacia adelante y consolidar la unión política. Si Alemania es el país más poblado y desarrollado del continente es lógico que sean ellos quienes lleven también el peso de las decisiones, lo mismo que en su momento Castilla fue el motor del imperio español. Es el dilema de siempre,´¿qué es mejor? ¿ser caberza de ratón o cola de león?

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  3. El deshacer el Euro no es un paso atrás, es la condición necesaria para volver a avanzar en vez de retrocder como está pasando ahora.

    Yo soy partidario de una verdadera unión política de Europa, pero Alemania no quiere eso, por el momento.

    En mi opinión el Euro debe ser destruido y empezar de nuevo porque el mal diseño ha hecho que las divergencias y los desequilibrios entre países ganadores y perdedores se hayan acentuado. En vez de converger divergimos. A mi podría no importarme tomar las cosas con calma si España no tuviera un 25% de paro. Si como Alemania tuviésemos un 7% de paro y un déficit fiscal totalmente controlado podríamos hacer como Merkel, marear la perdiz y hacer lo menos posible, lo más tarde posible para que lo básico del Euro, que es el que no se puede devaluar, continúe.
    El principal problema del Euro es que España tiene que sufrir una moneda, el Euro, fuertemente sobrevaluada frente al valor que tendría la peseta fuera del Euro. Esto hace que la economía Española trabaje con un déficit masivo de demanda que no permite el pleno empleo y que en estos momentos nos está impidiendo empezar a estabilizar el empleo. La situación de Alemania es la opuesta. Alemania es la China de Europa porque funciona con una moneda, el Euro, fuertemente devaluada (30%) sobre el valor que un Marco independiente tendría. El milagro alemán no empezó hasta los comienzos de la década de los 2000 cuando el Euro alcanzó su plenitud. La principal razón del milagro alemán no fue el control de salarios sino a una moneda permanente devaluada que permitió el crecimiento explosivo de sus exportaciones y sus enormes superávits. Con un marco independiente no habría habido milagro alemán.
    La “solución” que proponen los “expertos” políticamente correctos de la Comisión del Banco Central Europeo y de Alemania es la devaluación interna. Reduzcan sus salarios y así exportarán más. Esta “solución” tiene dos problemas. La primera es la injusticia de que se cargue todo el ajuste sobre los salarios y que como está pasando la participación de los salarios está cayendo en picado en España. El segundo problema es que esta solución no funciona, es decir no es solución. La opinión de Stiglitz, Krugman, Roubini y la de cualquiera que se ponga a pensar en este tema, es que esto no puede funcionar. El efecto de una devaluación de la peseta (un 40% si salimos del Euro) no puede ni aproximarse por la vía de reducir nuestros salarios más que los alemanes. Los salarios, incluyendo cotizaciones, solo representan el 12% del precio de venta de las empresas industriales en España, Francia, Alemania, etc., según el Banco de España.
    Alemania exporta más que nosotros porque exporta productos diferentes a los de España no porque el coste de producir el mismo producto en Alemania sea más bajo que en España. El índice de productividad por persona empleada, base 2000=100, es más alto en España en el 2012 que en Alemania. La productividad absoluta, PIB (ppp) por persona empleada, es más alta en España que en Alemania.
    Esta es la razón por la que yo argumento que el Euro debe deshacerse, de forma ordenada y como condición necesaria para seguir avanzando en la construcción europea.
    En mi opinión el Euro está tocado y acabará deshaciéndose. Los mercados no se calmarán hasta que la incertidumbre de si el Euro va a deshacerse desaparezca y esta incertidumbre no desaparecerá hasta que no se deshaga.
    España no puede financiar su deuda en estos momentos porque ningún inversor que no sea un banco español o el Banco Central Europeo quiere invertir en nuestra deuda y está abocada a un rescate completo que nos llevará a la situación de Grecia donde más austeridad lleva al fracaso de los objetivos y a más austeridad. Ya estamos viendo como la austeridad está llevando a la destrucción de la economía española y aún estamos empezando en esta senda.
    Pero nadie debe engañarse, el rescate de España no resolverá el problema básico del Euro y la presión para deshacerlo continuará creciendo.

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  4. Apreciado Pedro, gracias por sus aportaciones que, por su buena argumentación enriquecen mucho el artículo publicado.

    No puede sino compartirse que el euro está amenazado, en parte por quienes no quieren que se consolide como moneda refugio en la escena internacional. También es cierto que uno de los principales benefiarios del euro a sido Alemania, pero su implantación también ha beneficiado a la expansión exterior de nuestras empresas. El crecimiento en el extranjero de Telefónica, BBVA, Santander e Inditex entre otras, dificilmente se hubiera producido si España no formara parte de la zona Euro.

    A mi juicio, ni todas las culpas de la situación la tiene el euro ni su desaparición solucionaría nuestros problemas. Antes al contrario, abriría la puerta a una situación incontrolable de consecuencias imprevisibles.
    Una mayor integración política de los paises miembros ayudaría a superar la concepción nacionalista de ver a los alemanes como "ellos" y a los españoles como "nosotros". Precisamente el cambio de paradigma al que me refiero con mi propuesta es el que, por fin, todos los europeos seamos un "nosotros".
    Efectivamente, podrá decirse que es un planteamiento con un punto idelista pero, puede que en estas circunstancias necesitemos algo de eso.

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  5. Elena García Domínguez18 de junio de 2012, 11:58

    Un gran artículo José María, y estoy de acuerdo con el contenido del mismo. También con la filosofía que subyace, un tanto Orteguiana (Ortega y Gasset) Europa es nuestra solución y crear más Europa es ahora una oportunidad que no volverá a pasar otra vez.

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    1. Gracias Elena. Hay que reconocer, como se ve en los comentarios que surgen tanto aquí como en la página de ¿Hay Derecho? donde también se ha publicado el artículo, que la cuestión dista mucho de ser pacífica.

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  6. Muy buen articulo, Jose Maria. Lo malo es que conocer la solución solo sirve a veces para darse cuenta de lo lejos que esta desde un punto de vista pragmático. El problema de fondo es de modelo. Cuando se habla de mas Europa, nos olvidamos que dentro de este conglomerado de naciones sin una estructura mínimamente homogénea existen al menos dos modelos económicos yuxtapuestos y muchas veces, como es el caso actual, enfrentados. Alemania lleva siendo Alemania toda su historia reciente. Su economía se basa en la competitividad de su modelo industrial, una moneda solida, tecnología y tal vez la palabra que lo resuma todo sea fiabilidad. Como líder de Europa que se siente y es de facto no va a ser fácil que renuncie a sus principios (por que había de hacerlo?). Además, no les ha ido del todo mal después de la Segunda Guerra Mundial. Por otra parte, las mucho más débiles economías del sur creen necesitar un modelo más flexible desde el punto de vista presupuestario para impulsar su crecimiento. El tradicional recurso al manejo de la política monetaria para sortear los ciclos se ha terminado con el Euro y la disciplina presupuestaria no está en nuestro ADN. Así las cosas, lo tenemos complicado. Competir con Alemania en su campo requeriría un cambio de mentalidad para lo que hacen falta décadas como mínimo y siempre que estuviéramos dispuestos a ello, que no es el caso. Pensemos, como dicen los anglosajones, “out of the box” Puede sonar un poco heterodoxo, pero ya son dos los artículos que he leído en Der Spiegel, órgano “oficioso lanza bulos” del gobierno alemán incluyendo una sutil amenaza: y si no es Grecia la que abandona el Euro sino la locomotora del norte? Es un escenario que muy pocos analistas se atreven a contemplar, pero si a alguien le hubieran dicho hace cinco anos que la deuda de Espana iba a pagar mas intereses que la mayoría de las empresas americanas y que su calificación crediticia se iba a aproximar a la del bono basura, tampoco se lo hubiera creído. Puestos a imaginar escenarios alternativos, debo decir desde los 15.000 km que separan Chiang Mai y Madrid que Alemania posee una excelente imagen de marca, de lejos superior a la marca Europa. Al igual que el sueño de cualquier tailandés (puede escribirse igualmente coreano, chino, taiwanés o hindu) es ver la Torre Eiffel una vez en la vida, también lo es comprarse un Mercedes Benz , un BMW o un Audi. Realmente para eso no nos necesitan demasiado, y no olvidemos que el 60% del crecimiento del PIB mundial “ocurre” en esta zona. Si el precio a pagar por mantener Europa se dispara, siempre existen alternativas. Y para los demás, sobre todo conociendo nuestra historia, siempre nos quedara la espada.

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    1. Bienvenido al blog, Markziano, espero ver tus comentarios con más frecuencia por aquí.

      Efectivamente el riesgo de que Alemania ceda a la tentación de buscar su "espacio vital" en el este puede estar ahí, y de hecho, la fuga hacia adelante que ha supuesto la ampliación de la Unión hacia los Estados surgidos de la desmembración de la antigua URSS ha podio ser consecuencia de esa vocación. Sin embargo veo más posible un desmarcamiento del Reino Unido que de Alemania.

      En cualquier caso, de una manera u otra todos los paises europeos convimios en una simbiosis que nos hace absolutamente interdependientes. Por ejemplo, ¿cuanto crees tú que duraría una posible hegemonía en solitario de Alemania en centroeuropa frente a una potencia como Rusia?

      Solo si actuamos juntos Europa tiene alguna posibilidad de seguir manteniendo la independencia imprescindible para sostener nuestro modo de vida de libertad, seguridad y bienestar.

      Pero por otra parte, aceptar y reconocer que dentro de la Unión, Alemanía tiene todos los elementos (demográficos, industrales, finacieros, etc) para ejercer en este momento un imprescindible rol de liderazgo parece no solo de justicia, sino necesario igual que en España, históricamente asumió es rol, primero Castilla y ya en tiempos modernos Cataluña y el País Vasco.

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    2. Desde mi punto de vista, Reino Unido esta muy lejos de ser la potencia industrial que es Alemania y su influencia en Asia es sobre todo cultural y bajo la estela de los EEUU. El caso aleman es diferente, ya que sus empresas hace tiempo que se vienen posicionando no solo en paises de gran poder demografico como China o India, sino tambien en la zona ASEAN, un area con diez paises y mas 550 millones de habitantes con una tasa de crecimiento que multiplica la europea por cinco. Una Europa unida era para Alemania un intento de crear un "espacio vital" economico geograficamente proximo, pero con el advenimiento de la globalizacion virtual y los problemas surgidos con sus socios del sur no es descartable que se inclinen por otro modelo mas interesante y sobre todo mas barato. En el fondo somos cuatro gatos y nuestra ventaja competitiva como mercado frente a otros (nivel de desarrollo, nivel de renta) se evapora a marchas forzadas. Siento ser tan pesimista, pero desde aqui Espana solo existe en deporte y la vieja Europa es tan solo un buen cliente que cada vez gasta menos, pero ahi estan China, India pero tambien Vietnam o Tailandia. Repito, el 60% o mas del crecimiento mundial se produce en Asia, es donde todas las empresas con cierto peso internacional se estan situando de cara a la nueva situacion geoeconomica. El concepto europeo ha supuesto un intento de mantener el status quo pero esta condenado al fracaso en su propuesta actual y cuando los responsables de adaptar el sistema a la nueva realidad dejen de pensar en sus compromisos politicos mas inmediatos a la hora de plantear las reformas necesarias, ya no haran falta porque Asia nos habra tomado la delantera, si es que no lo ha hecho ya. Tampoco pasa nada, salvo que vamos a otro modelo distinto: aqui se trabaja los 7 dias de la semana, el estado pesa poco, los seguros contra eventualidades familiares (enfermedades, accidentes) son una opcion personal y no los cubre la Seguridad Social...en definitiva, es otro modelo del que existe en Europa. Bye bye estado del bienestar. Lamentablemente, salvo que se sea Alemania (al menos por el momento) este sistema es mucho mas productivo y por lo tanto mas competitivo en un modelo capitalista globalizado/abierto como el actual.

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    3. Puede que ese sea un modelo más productivo y más competitivo pero, desde luego, no es el que garantiza mejor que la mayor parte de la población tenga, no solo lo mínimo para malvivir, sino que también tenga opciones para realizar un proyecto de vida enriquecedor y prosperar en la vida. si tengo que elegir entre uno u otro, prefiero el que tenemos aquí.

      Sin embargo, he de darte la razón en cuanto a que, si siguen así las cosas, no tenemos mucho que hacer y la sociedad tenderá a parecerse a ese modelo con enormes diferencias sociales entre una mínoría que vive en la opulencia y una minoría que sobrevive en la miseria por sus propios medios.

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