lunes, 25 de marzo de 2013

Sobre la sostenibilidad demográfica del Sistema de Seguridad Social


 

Últimamente, no dejan de estar presentes en los medios, numerosas propuestas y discusiones acerca de la evolución de nuestro sistema de pensiones y de las tensiones financieras para su sostenimiento presente y futuro. Resulta evidente que el elemento financiero es uno de las bases esenciales del sistema, pero también es cierto que nos encontramos ante una realidad compleja que no puede reducirse solo a cálculos actuariales o financieros. Existen elementos sociológicos, jurídicos y demográficos que también deben tenerse en consideración y sobre los que también es posible actuar para favorecer la continuidad del modelo. 
 
Si queremos preservar en España este Sistema de Seguridad Social que, junto con el resto de las instituciones que conforman lo que se denomina “estado de bienestar”, constituye una de las principales señas de identidad del modelo social europeo es necesario tener una perspectiva más amplia en donde no se pierdan de vista otros factores tan importantes o más que el financiero.
 
Podría decirse que nos encontramos ante una enorme y pesada construcción que se asienta sobre cuatro grandes patas -financiera, política, demográfica y jurídica-  que garantizan su sostenibilidad pero que deben estar equilibradas entre sí, pues en caso contrario se corre el riesgo de que el edificio pierda el equilibrio y termine derrumbándose. Cómo ya advertimos antes, es obvio que la sostenibilidad financiera es fundamental y, de hecho, los primeros intentos de crear sistemas de previsión social en el siglo XVIII fracasaron precisamente por errores de base en sus previsiones actuariales. Pero como comentamos en un artículo precedente, poner el peso de las reformas sólo en estas medidas paramétricas en menoscabo del principio contributivo del sistema puede afectar, si se rompe el equilibrio, a su sostenibilidad social o política. 
 
En otra ocasión me gustaría explicar con más detalle a que me refiero con la expresión “sostenibilidad jurídica”, mas hoy quisiera centrarme en la relevancia que tiene la sostenibilidad demográfica para el sistema y en la necesidad imperiosa de introducir también reformas en las políticas públicas orientadas a este ámbito a fin de preservar para las generaciones futuras un modelo que se ha demostrado eficaz no solo para garantizar la subsistencia de quienes se encuentran en una situación de necesidad por carecer -por su edad o por otras circunstancias- de capacidad para realizar un trabajo productivo que les permita mantenerse por sí mismos; sino, al mismo tiempo, garantizar una duradera estabilidad social que se ha traducido en el mayor periodo de paz dentro de Europa occidental en toda su historia. 
 
Desde ya hace décadas el elemento demográfico es analizado como una constante no susceptible de verse alterada y así, entre los expertos, la invocación del progresivo envejecimiento de la población en Europa en general y, en España en particular, aparece una evidencia inevitable de que nos encontramos, parafraseando a García Márquez, ante la crónica de una muerte anunciada. Lo cierto es que la experiencia ha mostrado que los efectos de este envejecimiento de la población autóctona puede ser parcialmente compensado en épocas de crecimiento económico con la llegada de trabajadores llegados allende las fronteras que, en muchos casos, se asimilan a nuestra cultura y se consolidan como población nacional estable. 
 
Sin embargo, esta circunstancia coyuntural no puede considerarse como una solución y, en cualquier momento podrían surgir otras circunstancias excepcionales (una guerra, una epidemia...) que unidas a la presente decadencia en la natalidad podrían quebrar definitivamente este equilibrio demográfico cada vez más precario, lo que en determinadas circunstancias no solo podría hacer peligrar las pensiones futuras si no, incluso, nuestra propia existencia como nación, civilización o cultura, pudiendo por terminar siendo asimilados o absorbidos por otros pueblos más numerosos, jóvenes y enérgicos.
 
Pero hay que admitir que a día de hoy, en ese sentido, nuestra realidad es desoladora. Las políticas públicas (fiscales, de protección social o subvenciónales) en este momento están basadas en un modelo de redistribución de la riqueza que penaliza a las familias de clase media y que siguen estando orientadas a que el número de nacimientos disminuya o, en el mejor de los casos, a que se mantenga. De esta manera, la tendencia es una familia tipo de entre uno o dos hijos, con lo que no se alcanzaría a largo plazo ni siquiera a mantener la población de una manera vegetativa. 
 
Efectivamente, el apoyo desde los poderes públicos a las familias, entendidas en un sentido amplio por toda la diversidad de modelos que nuestra sociedad actual permite, es prácticamente nulo. La Ley 40/2003, de 18 de noviembre, de protección de familias numerosas, su desarrollo reglamentario y lo regulado por las Comunidades Autónomas en su ámbito competencial establecen unos mecanismos de ayuda raquíticos que tal vez puedan paliar parte de alguno de los costes (gastos de transporte, actividades deportivas, educación…) en los que incurren las familias con más de dos hijos, pero en ningún modo constituyen un incentivo para amentar la familia. La prestación a favor de familiares del Sistema de Seguridad Social en su actual configuración apenas alcanza para resolver situaciones de necesidad límite, por lo que tampoco puede considerarse un incentivo. Los beneficios fiscales son insuficientes y algunas reformas recientes, como la llevada a cabo en los que se refiere a la relación laboral especial de los trabajadores del servicio doméstico, no hacen sino incrementar los costes que han de afrontar las familias con hijos a cargo en la que los dos progenitores trabajan fuera de casa.
 
Teniendo en cuenta los dudosos resultados de algunas experiencias como la británica y sus intensas ayudas sociales a las madres solteras, estas políticas públicas deberían incidir no sólo en el ámbito de las familias sin recursos son que deberían enfocarse especialmente hacia las clases medias pues son las que mejor pueden asumir por sí mismas la crianza de esos hijos dándoles una formación y una preparación que los haga crecer saludables.
 

Foto by Chemapego
Desde nuestro punto de vista, resulta imprescindible para garantizar la sostenibilidad demográfica de nuestro Sistema de Seguridad Social a medio y largo plazo, desarrollar una serie de políticas públicas que incentiven un leve crecimiento demográfico marcándose como objetivo generar una familia tipo de tres hijos. Esto podría conseguirse incrementando, por una parte, los beneficios fiscales a  las familias con rentas medias y, por otra, incrementando las actuales subvenciones o subsidios a aquellas otras familias que por su insuficiencia de rentas a las que los beneficios fiscales no favorezcan; reforzando las políticas de igualdad de trato entre el hombre y la mujer en el ámbito laboral, de manera que la maternidad no suponga un obstáculo insalvable en el desarrollo profesional de la mujer; potenciando aún más el acceso de las familias a determinados servicios públicos educativos, sanitarios, deportivos y culturales; estableciendo actividades de marketing social orientadas a prestigiar el papel de los progenitores (cualquiera que sea su tipo) y, superando enfoques ideológicos o religiosos, realzando el valor de la crianza de los hijos. 
 
En el resto de la Unión Europea ya se han introducido medidas en este sentido. Así, por ejemplo, Alemania que tanto  nos sirve de modelo últimamente dispone de un sistema de ayudas a las familias que bien podría tomarse como referente. Si se favorece desde los poderes públicos un crecimiento demográfico sostenible y equilibrado, la cuestión en lo que se refiere al Sistema de Seguridad Social se centraría en aguantar la situación durante los próximos veinte años, hasta que las nuevas generaciones se incorporen a la economía productiva.

6 comentarios:

  1. Este tema se resolvería, en parte, si los que tenemos hijos tuviesemos un extra en la jubilación (o una parte garantizada)dependiendo del número de hijos, ya que nuestros hijos son los que cotizarán en el futuro.

    Vicente M.

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    1. Efectivamente, esa podría también ser una forma de compensar a posteriori el esfuerzo de quienes han asumido el coste de criar a los futuros cotizantes.

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  2. Tienes razón con tus propuestas, pero Alemania por muchos incentivos y subvenciones que tengamos (cada familia recibe entre 184€ y 190€ al mes para cada hijo) sufre del mismo problema demográfico. Hay muchos intentos también para forzar a las madres volver a trabajar lo antes posible, pero con las familias pequenas que tenemos, muchas veces es casi imposible encontrar alguien que cuide al hijo. Ahora han empezado implementar más plazas para ninos de 1 o 2 anos, pero en la "Alemania del Oeste" ese sístema tarda demasiado. Hay empresas con guarderias, pero son pocas. Actualmente están implementando el "Betreuungsgeld" (unos 100€ más al mes) si no mandas a tu hijo de un o dos anos a la guarderia y te ocupas tu misma de él; es una iniciativa de la CSU, partido de Baviera; y la oposición llama esto "premia de cocina" - porque habrá madres que se quedarán a casa en vez de ir a trabajar, y peor, el Betreuungsgeld quizá impedirá la ayuda temprana para ninos procedentes de familias con problemas. Sin embargo, es cierto que hay que apoyar a las familias con hijos, sino, nos robamos nuestro propio futuro. Susanne Effert

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    1. Sin descartar los sistemas subvencionales, yo soy más partidario de un sistema basado en las deducciones o desgravaciones fiscales. Creo que resulta más facil orientar el foco hacia donde interesa y genera menos efectos secundarios. En el caso de los beneficios fiscales a familias con hijos, lo que se puede perder en cuanto a redistribución, el país lo termina recibiendo a la larga en mano de obra y crecimiento o, al menos mantenimiento de la población.

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  3. Como siempre tan acertado. Aquí nada ni nadie ha apoyado desde que empezó la democracia la natalidad o la familia. Así que tendremos lo que hemos fomentado, castigar a los padres y madres sufridores en la ardua tarea de aumentar la población autóctona....vamos como en los países más bananeros, que todo eso no les preocupa ni lo más mínimo. Lo que ocurre es que Europa entera envejece y mucho, sin tener recambio generacional.

    ¿Y qué piensan nuestros políticos y empresas de todo tipo que van a vender unos y a recibir dinero por impuestos otros con esa pirámide poblacional invertida que hay y que sigue aumentando sin parar en un futuro no muy lejano?

    Yo también estoy contigo de acuerdo en que habría que desgrabarse muchísimo más por hijo, porque hay que ver lo que consumen ellos solos, y todo eso no se está premiando, se castiga.

    El sistema actual de Seguridad Social y pensiones será dentro de muy poco insostenible....claro que con esta casta política no es sorprendente lo que pasa ni lo que pasará.

    Saludos

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  4. Cobrar más pensión los que tengan más hijos, me parece injusto. Por otra parte, por qué no hacer como hizo EEUU, dejar que vengan gente de otros países que al estar en edad de trabajar tienen hijos y se ensancha la pirámide.Mme parece un poco de cinismo que en el planeta falten suecos y sobren indios. Nos cobija el mismo hogar y estamos bajo el mismo techo: el cielo.

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