martes, 28 de mayo de 2013

La sociedad civil se mueve

En acto público celebrado en el Círculo de Bellas Artes, hoy se ha presentado un nuevo Manifiesto promoviendo una nueva Ley de Partidos Políticos para intentar que, a través de esta nueva regulación, los partidos vuelvan a ser un auténtico cauce para que la sociedad pueda desarrollarse en democracia, en vez de los grupos cerrados y celosos de sus propios intereses en que se han convertido con el tiempo. 
Los promotores del Manifiesto presentando el documento.
Foto by Chemapego

Se trata de una iniciativa lanzada inicialmente por 100 politólogos, sociólogos, filósofos, economistas, historiadores, juristas y periodistas  encabezados por Elisa de la Nuez, abogada del Estado y coeditora del blog “¿Hay Derecho?” en el que colaboro habitualmente, César Molinas; socio fundador de Multa Paucis, Carles Casajuana; diplomático y escritor, y Luis Garicano, catedrático de Economía, miembro de FEDEA y coeditor del blog “Nada es Gratis”: propuesta a la que me he incorporado como firmante 3454  a través de un intuitivo sistema de firma por internet que os dejo enlazado

No voy a reiterar aquí los motivos que justifican una reforma de este tipo, pues además de ser sobradamente conocidos, están perfectamente expuestos en este artículo firmado conjuntamente por Elisa de la Nuez y Cesar Molinas. 

Curiosamente, pocos días antes, dos personalidades relevantes, y que conocen bien el paño pues hasta hace poco han pertenecido al establishment orgánico de los grandes partidos PP/PSOE, Josep Piqué y Jordi Sevilla, también han presentado una propuesta para profundizar en la democracia interna de los partidos políticos al liderar la plataforma +democracia, que aparece respaldada por prestigiosos profesionales y académicos -a varios de los cuales también conozco y respeto-. Una lástima que, siendo el objetivo tan aparentemente coincidente, se desaprovechara la oportunidad de ganar fuerza con la unión de esfuerzos.

Esta iniciativa se une a otras recientes que, desde un enfoque constructivo aunque muy plural y no siempre coincidente, también promulgan cambios y reformas en nuestras instituciones para intentar superar la decadente inercia en la que andamos metidos y tantas veces hemos denunciado.  Podemos citar también el manifiesto por la reforma de la Constitución y del Sistema Electoral promovido desde el Foro de la Sociedad civil liderado por Ignacio Camuñas -quien por cierto también aparece como uno de los cien primeros firmantes en el Manifiesto presentado en el Circulo de Bellas Artes-, que propugna un cambio en el sistema electoral y en el modelo territorial del Estado para retornar a una, no exenta de polémica, recentralización.

Junto a estas actuaciones, no debemos tampoco olvidar las diversas propuestas, tal vez más radicales, tal vez más avanzadas o ambiciosas (dependiendo del punto de vista de cada uno) planteadas por colectivos y asociaciones surgidos del impulso inicial del movimiento del 15-M, como Democracia Real Ya, que se ha constituido en una asociación “apartidista, asindicalista, no violenta y sin ánimo de lucro”; o como  el partido X, que propugna una mayor trasparencia en la gestión pública y aboga por utilizar intensamente las nuevas tecnologías para que la participación ciudadana en los procesos de toma de decisiones sea posible de forma directa.

En este sentido, sería injusto desconocer el rol que, como precursores de esta respuesta ciudadana ante la decadencia de nuestras instituciones, tuvieron las asociaciones y colectivos que impulsaron la creación de Ciutadans o la Plataforma Pro que fue el germen donde surgió UPyD, nuevos partidos políticos que en un plazo relativamente corto y a pesar de la encarnizada resistencia de los partidos instalados en el sistema surgido de la transición se están consolidando, no sin algunos  problemas tanto externos como internos, como una posible alternativa.

De una manera u otra, resulta evidente que algo está cambiando y, en cierto modo, la crisis económica está haciendo de catalizador para que las frustraciones y desencantos que la inercia mantenía larvadas, comiencen a transformarse en un auténtico estado de opinión favorecedor de un cambio político importante. La sociedad civil está despertando y, cada vez más, se respiran aires de cambios. 

Igual que ocurrió durante la transición, son tres los caminos que iniciar ante la actual situación: el inmovilismo para intentar aferrarse mientras sea posible a los privilegios adquiridos con un sistema en incipiente descomposición; una posición reformista, como la de los promotores del Manifiesto que ahora comentamos, que parten de la idea de aprovechar las instituciones existentes y reformarlas para adaptar su funcionamiento a las nuevas exigencia y; por último, abogar por una ruptura, aspirando más a una transformación profunda de la sociedad a costa de un cambio radical -y sin duda traumático- del sistema político y económico.

De cómo sean capaces de canalizar estas ansias los actuales dirigentes políticos, dependerá el resultado final. Cuanto más se atrinchere lo que ahora ya se conoce como “casta política” en su “bunker” de blindajes, inmunidades y privilegios, más difícil será adoptar reformas eficaces que impidan que se produzca, tarde o temprano, una dolorosa ruptura del régimen. Generosidad, talento y amplitud de miras, cualidades de las que pudieron presumir quienes protagonizaron en los años 70 del siglo pasado la transición de la dictadura a la democracia, son de nuevo tan necesarias como entonces. El tiempo dirá.
 
Post scriptum: Este artículo se ha publicado posteriormente en el blog "¿Hay Derecho?", donde ha dado lugar a un debate muy interesante entre los asiduos
  

4 comentarios:

  1. Es sin duda alguna un planteamiento muy a propósito de los nuevos tiempos, que nos induce a pensar que puede esperarnos un mundo más participativo y por tanto democrático.Creo que estamos claros que los nuevos tiempos llevan a las sociedades a una participación más activa,sin conformarse con ver el actuar de las élite de acuerdo muchas veces a sus propios intereses.La rapidez de los medios de comunicación,la inmediatez de la información a nivel global nos hace estar mucho más alerta y vernos mejor en el espejo de de lo que está ocurriendo en otras latitudes que sirvan para ponernos en situación.Existe una crisis global y no es un secreto;las sociedades son más críticas y exigente.No creo que haya que destruir instituciones pero si repensarlas,adaptarlas a los nuevos tiempos.Los partidos políticos tienen un reto ineludible en este proceso para acompañar a las sociedades cada vez más conscientes:es el instrumento fundamental para liderar los cambios conjuntamente con la sociedad civil.saludos

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    1. Totalmente de acuerdo. Los partidos políticos son un elemento fundamental para que la democracia pueda desarrollarse, pero también deben avanzar y adaptarse a cada momento social, pues de otra manera se pervierten y dejan de ser útiles para su finalidad originaria

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  2. Como bien reflejas en el artículo, se están emprendiendo muchos camimos diferentes para alcanzar el mismo fin. Pero si bien, puede tener ventajas lanzar muchos hilos de iniciativa en paralelo, para poder hacer llegar mensajes semejantes a públicos o sensibilidades y capas sociales distintas, llegará un momento en el que sería una lástima y un error grave, el que todas estas iniciativas no aúnen energías y medios, buscando un punto de equilibrio común, para forjar una alternativa sólida que pueda, o bien aspirar a derrotar a los grandes partidos o, al menos, ser una amenaza tan grave para sus intereses que les obligue a una transformación real que mejore la calidad democrática, la transparencia, etc. Porque ahora mismo lo que ocurre es que los partidos tradicionales se han apropiado de la representación de los ciudadanos para después, con demasiada frecuencia, defender intereses ajenos a esos mismos ciudadanos.

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    1. Efectivamente, la unión hace la fuerza. En este sentido el debate que se ha planteado en el blog ¿Hay Derecho? cuando se ha publicado este artículo ha resultado muy interesante

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