jueves, 1 de agosto de 2013

Un proyecto de cooperación al desarrollo en Turkana (Kenia)



Ayer ha vuelto a España para disfrutar de un merecido descanso mi amigo Pablo. Nada que no fuera diferente de lo que, por estas fechas veraniegas sucede a mucha de la gente que aún conserva un empleo. Sin embargo hay algo que convierte este regreso en algo digno de ser objeto central de este artículo. 

Pablo, de profesión ingeniero, es una persona comprometida y desde hace muchos años tenía como objetivo vital participar de manera relevante en un proyecto de cooperación con un país del tercer mundo. Por diversas circunstancias, aunque siempre había encontrado la manera de canalizar su vena solidaria, nunca había podido implicarse totalmente en un proyecto determinado debido a las múltiples obligaciones personales y profesionales que a todos nos afectan. Hace poco decidió que si no abordaba ya ese proyecto no lo haría nunca y se lanzó a por todas. La disminución de la carga de trabajo en su empresa, derivada de la crisis, le abrió una ventana de oportunidad al permitírsele coger una excedencia. Se marchó a Lokitaung, en Turkana, una región recóndita del norte de Kenia sin apenas carreteras ni infraestructuras poblada por tribus seminómadas que hasta hace muy poco encontraba su sustento en el pastoreo y la mera recolección.  

Allí, en el ámbito de las Comunidades Misioneras de San Pablo y de San Marcos lleva meses trabajando para poner en marcha diversas iniciativas destinadas a la creación de actividades de autosubsistencia, el fomento de la economía local, la dotación de infraestructuras básicas y a la educación. En particular, y por su experiencia como ingeniero, en un proyecto denominado CHOKAA que tiene por objeto la puesta en funcionamiento de 4 hornos para la fabricación artesanal de cal hidráulica (cemento natural) para el abaratamiento de la construcción de presas y la creación de una pequeña industria local, de los que el primero (un horno de ensayo) está a punto de finalizarse y cuando vuelva en Septiembre, si Dios quiere, podrán empezar con la producción.

La idea le surgió cuando en un primer viaje para evaluar el estado de unas presas y balsas de agua construidas hace algunos años para paliar las frecuentes sequías, pudo constatar la necesidad de acometer obras de consolidación y la tremenda dificultad para poder llevar a pie de obra los materiales necesarios para ello, en particular, el cemento. A la vez que reducir los gastos por este concepto, el proyecto tiene como objetivo dotar de un medio de vida alternativo al pastoreo que permita el asentamiento de la población, la autosuficiencia y la mejora de la economía a nivel familiar, y por extensión de la seguridad alimentaria, mediante el establecimiento de los mencionados hornos para la fabricación artesanal de cal.

Según la memoria que explica el proyecto, la iniciativa busca además, movilizar el 100% de los recursos destinados hasta ahora a la compra de cemento en beneficio de la población local mediante la generación de puestos de trabajo directo. Como suele suceder en toda iniciativa industrial, se generará también una actividad económica indirecta consistente en la recolección del material combustible necesario para la fabricación de la cal, que será llevado a cabo nuevamente por el pueblo turkano. La utilización de materiales autóctonos en todo el proceso garantiza la sostenibilidad de la iniciativa.

La producción de cal es una de las primeras industrias conocidas por el hombre, uno de los primeros procesos por los cuales se elabora un producto artificial inexistente en la naturaleza. Con los morteros de cal se consigue crear una roca artificial, modelada según las necesidades requeridas y fabricada a partir de otra roca natural, que pierde su estructura por medio del fuego y la recupera después al contacto con el agua y con el aire. Aunque el uso de la cal es conocido desde la prehistoria, sin embargo su utilización con fines constructivos no se hizo habitual en Europa hasta que con el Imperio Romano se generalizó el uso de edificios de calidad, ya que la arquitectura pre y protohistórica era básicamente de adobe y tapial y tanto la cal como el yeso se usaban casi exclusivamente en revocos y suelos. Sin embargo la introducción de esta primitiva tecnología en tan remota región del cuerno de África resulta, aun hoy, revolucionaria.   

Pablo vuelve en Septiembre para continuar con estos trabajos, pero como tantas otras buenas ideas en estos tiempos duros se encuentra con dificultades para poder continuar con el proyecto si no obtiene una suficiente financiación. Este post intenta echarle una mano en ese sentido.

El presupuesto completo necesario para abordar el proyecto CHOKAA, de acuerdo con la memoria que lo explica, alcanzaría los 10.714 €. Si alguno de mis lectores está interesado en ayudar a este proyecto puede hacerlo financiando una ó varias de las siguientes unidades de proyecto:
– Horno de ensayo para 2 tn de capacidad: 1.270 €
– 4 Hornos para 25 tn de capacidad: 2.360 €/horno
– Total proyecto: 10.710 €
Ó también bien haciendo una aportación menor especificando “Proyecto CHOKAA” a través de paypal en la página web http://mcspa.org ó mediante transferencia bancaria a la FUNDACIÓN EMALAIKAT, c/Bocangel nº28, 3º Dcha. 28028 Madrid Tfno: 913552195, Cuenta Bancaria: BBVA, C/C: 0182 2012 98 0201528472, en este caso el donativo será desgravable.

Si no puedes colaborar económicamente, a lo mejor puedes ayudar como yo, difundiendo este post entre tus conocidos.

3 comentarios:

  1. Ya, y en una zona tan seca y ya tan deforestada, ¿con qué piensan alimentar los hornos de cal? ¿Deforestando otro poquito más? ¿La utilización como combustible de los 4 arbustillos autóctonos que quedan sin haberles metido el hachazo, hasta el momento, garantizan la sostenibilidad del proyecto???

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    1. En primer lugar se trata de introducir hornos de carácter preindustrial con poca capacidad productiva, lo que se corresponde con unas exigencias de combustible relativamente menores. En cualquier caso y para aclarar tus dudas incorporo lo que en la Memoria del proyecto se dice al respecto y que para evitar alargar el artículo en exceso omití:
      "Consideraciones medioambientales: La fabricación artesanal de cal hidraúlica natural requiere emplear cantidades importantes de madera para la calcinación de la piedra caliza en los hornos destinados a tal fin
      (aproximadamente dos terceras partes en peso por cada parte de cal obtenida).
      La vegetación en una región semi-desértica como Turkana no es precisamente abundante, y una utilización indiscriminada de dicho recurso conllevaría sin duda a un agravamiento del problema de su desertificación.
      Sin embargo existen diversas razones por las cuales entendemos que esta iniciativa no sólo no será perjudicial al medio ambiente sino más bien todo lo contrario:
      en primer lugar la producción de cemento industrial requiere igualmente del consumo de combustible en cantidades análogas, al que hay que sumar el debido a los portes tanto de la materia prima (piedra) como del propio combustible hasta el centro de producción.
      Por otro lado la fábrica de cemento más cercana se encuentra en Nairobi, a más de mil kilómetros de distancia de Turkana, lo que constituye la causa principal de su elevadísimo coste.
      Al coincidir en este caso, cantera y centro de producción, y estar los puntos de suministro relativamente cerca de este, se eliminan por completo los citados inconvenientes con el consiguiente ahorro en toneladas de CO2 emitidas a la atmósfera.
      En segundo lugar la cal una vez puesta en obra se convierte en un material que consume CO2 de la atmósfera en su proceso de recarbonatación, el cual dura años, ayudando a equilibrar el balance de emisiones.
      Por otro lado y en lo que a la tala de madera se refiere, el material que se va a emplear como combustible en los hornos está constituído por un matorral introducido (no autóctono) denominado Prosopis Chilensis, que prolifera y se regenera con viveza.
      Dicho matorral además de no tener valor alimenticio para la población, ni forrajero al ser venenoso para los animales, invade sin piedad los escasos cultivos de sorgo existentes en la zona, impide el crecimiento de las especies arbóreas autóctonas, y no tiene uso ni si siquiera para realizar los vallados de protección de los poblados ni como material de construcción.
      Introducido de modo artificial y poco afortunada en Turkana, es preciso erradicarlo por todos los aspectos negativos que conlleva."
      A esto puede añadirse que el objeto de estos hornos es la construcción de balsas y presas para retener el agua, lo que contribuye a la creación de microclimas donde se produce un aumento de la humedad ambiental y por ende de la flora de la zona.

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  2. Gracias por la aclaración. Sobre el papel está todo muy bien, pero el problema es que la gente, en cuanto sepa que los de los hornos compran madera, no se van a limitar a meterle el hacha a los Prosopis chilensis, ya te lo digo yo

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